
, eso decía la canción Pink Moon de Nick Drake. Todo el mundo, al oír la música hechizada de la canción, creía que se trataba de la profecía de la llegada inminente de la belleza universal, como si la melancolía y el dolor pudieran hacer que fuéramos todos bastante mejores de lo que en realidad somos. Pero la luna rosa no era una metáfora de la belleza ni de la tristeza redentora. Era el tenebroso presagio del Apocalipsis, porque la luna rosa no era más que una explosión nuclear. "La luna rosa os atrapará a todos", decía Drake en aquella canción y en su voz había incluso un leve destello de alegría, como si la perspectiva de la aniquilación universal lo consolara de su melancolía destructiva.
Sin embargo, en "Pink Moon" se puede disfrutar de la pureza de las cualidades de Drake como intérprete. Tanto en su delicada y serena voz, como en los originales e intrincados dibujos de su guitarra acústica que irradian una elegancia innata y una originalidad sin igual. Las cotas de belleza que era capaz de generar con tan escasos elementos son insuperables y sorprendentes.
En definitiva, toda la obra de Nick Drake es absolutamente imprescindible. Rara vez he sentido tan cerca el amor, la desesperación, la suma tristeza y la belleza... la insondable belleza de las canciones de Nick Drake, el músico de las estrellas, el poeta de los árboles, el hombre que murió de soledad.






No hay comentarios:
Publicar un comentario