
En la dorada época que fue para el rock los años 70's, Thin Lizzy fueron una fuerza de la naturaleza mayor que cualquier tsunami, terremoto o huracán que se precie.
Su primera historia pasó ciertamente desapercibida; eran tiempos en que Eric Bell llevaba colgada la guitarra de la banda. Fueron los más oscuros de su discografía, con discos en los que aún se forjaba la leyenda, pero había destellos de luz alumbradora entre ellos como si de apariciones se tratara: la versión rockera de la clásica tonada irlandesa ''Whisky in the Jar'', la cual hizo que Thin Lizzy ya ganaran un puesto en el olimpo del rock, y ''The Rocker'' (ambas de ''Vagabonds in the Western World'' de 1973) nunca dejaría de ser un clásico absoluto de la historia del rock. Tras cuatro discos moldeando su personalidad, el gan momento llegó en 1975, con la entrada en el grupo del dúo guitarrero conformado por Scott Gorham y Brian ''Robbo'' Robertson, que junto a Phil Lynott macarían los días más brillantes y mágicos de la banda.
Aquella formación única se estrenaría con ''Fighting'', donde por fin la poesía callejera de Lynott encontraba acompañamiento en un ataque de guitarras al unísono como ha habido pocos, con aquellos hipnotizantes solos doblados resplandando a Lynott y sus melodías inolvidables. Pero aún así, el momento más glorioso llegaría un año más tarde con ''Jailbreak'' (1976), el álbum que les convertiría automáticamente en un imparable artefacto de seducción y satisfacción para todos los rockeros del mundo. El responsable fue ''The Boys are Back in Town'', cautivador e hímnico single convertido en clásico indiscutible por obra y gracia de una banda exprimiendo su creatividad al máximo hasta emocionar al oyente con joyas como ''Cowboy Song'', o el épico ''Emerald'', aparte de los consabidos pelotazos hard rockeros. Después llegarían ''Johnny the Fox'' (también de 1976), otra obra maestra y el arrollador ''Bad Reputation'' (1977), que desprendía carisma desde su misma portada, con su punto álgido en el extremadamente tórrido e irresistible ''Dancing in the Moonlight''. Al siguiente año editarían ‘’Live and Dangerous’’ (1978), inolvidable documento de la mayor emoción, pasión y sentimiento que jamás una banda haya sido capaz de desprender sobre un escenario. Aunque nada volvería a ser lo mismo tras la marcha de Robertson, pero el cierre de los 70 para los Lizzy no pudo ser mejor, ayudados por su compatriota Gary Moore para la grabación de otra obra capital como sería ‘’Black Rose’’ (1979).
Después de este redondo Thin Lizzy y Phil Lynott, tenían los días contados, pero el halo de estremecimiento humano cada vez que sonara su profunda voz y sus magistrales composiciones estarán ahí por siempre jamás.






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